Radiohead – ‘The King of Limbs’

21 02 2011

Lanzamiento: 18 de Febrero de 2011 (digital)
Género: Alternative rock / Experimental rock
Sello: (ninguno)
Productor: Nigel Godrich

Nos tomó treinta y siete minutos escucharlo. Nos demoramos un puñado de horas repitiéndolo.

Nos tomó una charla y una cerveza tomar una decisión.

Podemos encarar el último disco de Radiohead de dos maneras.

La primera es recorrer el tortuoso camino de poner las cosas en perspectiva, catalogar una carrera, hablar de alternativas y de experimentación, diseccionar el laburo de una de las tres o cuatro bandas más influyentes de los últimos veinte años bajo el maniqueísmo O.K. Computer-The King of Limbs o Kid A-The King of Limbs o In Rainbows-The King of Limbs,  analizar la sorpresiva salida, la situación de la banda con respecto a la industria, el inmediato trabajo solista de Yorke y tratar de entender la vertiginosa expectativa que estos ocho temas generaron por el sólo hecho de ser. Ese otro maniqueísmo: amor-odio; que es lo que se espera de Radiohead y que es lo que Radiohead ofrece.

La segunda, la que creemos correcta, la que encaramos, es despojarse. Hablar sobre ‘The King of Limbs’ como producto atómico, libre de los laureles de producciones pretéritas que no le corresponden y de condenas que devienen de un pasado que tampoco es, necesariamente, suyo. Apreciarlo como hecho artístico sincero y aislado.

Nuestra aproximación, entonces, es la que sigue.

Esta banda de muchachos ingleses se despacha en ‘The King of Limbs’ con ocho temas de heterodoxia a veces evidente y a veces (las mejores) sutil e hipodérmica.
El álbum saluda en ‘Bloom’ con un piano e inmediatamente se deja caer en una intrincada e insistente línea de bajo y percusión que le allana el camino a una cansada voz de Thom Yorke.

‘Morning Mr. Magpie’ nos da otra cucharada (tal vez la más evidente) sobre lo irregular (esta es una palabra peligrosa, pero adecuada) del trabajo del bajo a lo largo de ‘The King of Limbs’. Colin Greenwood está haciendo cosas que no suelen hacerse (cosas que son nuevas) y ese es uno de los puntos más altos del disco. Yorke cambia su acercamiento al falsetto y suena a furia fría (You stole it all / Give it back) en un tema pulsante e hipnótico.

‘Little by Little’ y ‘Feral’ loopean para acompañar a los múltiples tonos de la complejísima voz de Yorke y nos hacen entender que Phil Selway también puede hacer lo que Greenwood hace en el bajo con su batería. El trabajo de percusión es preciosista y ajustadísimo, especialmente en la última de este tándem.

‘Lotus Flower’ (corte y video) es más straightforward: el bajo propone y el falsetto de Yorke es económico y efectivo y se adecúa a la propuesta lírica (There’s an empty space inside my heart / Where the wings take root / So now I’ll set you free) sin ningún esfuerzo. Ese es otro de los puntos altos del álbum: no hay ampulosidad de recursos, si bien abundan; no hay (no parece haber) nada forzado en la propuesta, monótona a veces en los loops, de ‘The King of Limbs’. Orgánicamente el álbum completo suena al buen discurrir del agua, sin aristas, sin que uno tenga que levantar la atención del producto para preguntarse que pasó ahí.

‘Codex’ y ‘Give Up the Ghost’ bajan el tono. Hasta el subsuelo. Un piano goteante en una y la primera impresión fuerte de que hay una guitarra en el álbum, aunque lánguida, en la otra, que acierta con sonido a violines a vestir el otra vez sentido trabajo vocal de Yorke, se ocupan de eso.

El occidente del disco es ‘Separator’, que, como el primer track, abunda en eco y le da documentos al disco. Acá entendemos la identidad de ‘The King of Limbs’. Esa apreciación de que cada cosa ocupa el lugar que le corresponde de la que hablábamos antes, de que aquello que no llama la atención es apreciable también. Incluso la letra del tema nos deja ver algo que sabíamos pero tal vez no colegíamos (Every woman blows her cover / In the eye of the beholder / I’m a fish now, out of water): ‘The King of Limbs’ es agua, es líquido, es orgánico aún entendiendo sus regentes arreglos electrónicos, es sencillo en su complejidad, de la que a veces parece pedir disculpas, es pasto y es cielo. Es humano.

Esta banda de muchachos ingleses se despacha en ‘The King of Limbs’ con ocho temas de heterodoxia a veces evidente y a veces (las mejores) sutil e hipodérmica. Ocho temas de entramada sencillez, de innovador acercamiento al bajo y a la percusión, de inefable calidad vocal, de ofrecimiento.

El mundo, luego, va a hacer del álbum un juguete, un sorete o un trofeo. Una colección de himnos o el tedio de una propuesta. Ninguna de esas cosas lo contiene. Afortunadamente.

8 de 10

Review by Fernando Urralburu.

 

 

Nos tomó treinta y siete minutos escucharlo. Nos demoramos un puñado de horas repitiéndolo.

 

Nos tomó una charla y una cerveza tomar una decisión.

 

Podemos encarar el último disco de Radiohead de dos maneras.

 

La primera es recorrer el tortuoso camino de poner las cosas en perspectiva, catalogar una carrera, hablar de alternativas y de experimentación, diseccionar el laburo de una de las tres o cuatro bandas más influyentes de los últimos veinte años bajo el maniqueísmo O.K. Computer-The King of Limbs o Kid A-The King of Limbs o In Rainbows-The King of Limbs, analizar la sorpresiva salida, la situación de la banda con respecto a la industria, el inmediato trabajo solista de Yorke y tratar de entender la vertiginosa expectativa que estos ocho temas generaron por el sólo hecho de ser. Ese otro maniqueísmo: amor-odio; que es lo que se espera de Radiohead y que es lo que Radiohead ofrece.

 

La segunda, la que creemos correcta, la que encaramos, es despojarse. Hablar sobre ‘The King of Limbs’ como producto atómico, libre de los laureles de producciones pretéritas que no le corresponden y de condenas que devienen de un pasado que tampoco es, necesariamente, suyo. Apreciarlo como hecho artístico sincero y aislado.

 

Nuestra aproximación, entonces, es la que sigue.

 

Esta banda de muchachos ingleses se despacha en ‘The King of Limbs’ con ocho temas de heterodoxia a veces evidente y a veces (las mejores) sutil e hipodérmica.

El álbum saluda en ‘Bloom’ con un piano e inmediatamente se deja caer en una intrincada e insistente línea de bajo y percusión que le allana el camino a una cansada voz de Thom Yorke.
 
‘Morning Mr. Magpie’ nos da otra cucharada (tal vez la más evidente) sobre lo irregular (esta es una palabra peligrosa, pero adecuada) del trabajo del bajo a lo largo de ‘The King of Limbs’. Colin Greenwood está haciendo cosas que no suelen hacerse (cosas que son nuevas) y ese es uno de los puntos más altos del disco. Yorke cambia su acercamiento al falsetto y suena a furia fría (You stole it all / Give it back) en un tema pulsante e hipnótico.
 
‘Little by Little’ y ‘Feral’ loopean para acompañar a los múltiples tonos de la complejísima voz de Yorke y nos hacen entender que Phil Selway también puede hacer lo que Greenwood hace en el bajo con su batería. El trabajo de percusión es preciosista y ajustadísimo, especialmente en la última de este tándem.
 
‘Lotus Flower’ (corte y video) es más straightforward: el bajo propone y el falsetto de Yorke es económico y efectivo y se adecúa a la propuesta lírica (There's an empty space inside my heart / Where the wings take root / So now I'll set you free) sin ningún esfuerzo. Ese es otro de los puntos altos del álbum: no hay ampulosidad de recursos, si bien abundan; no hay (no parece haber) nada forzado en la propuesta, monótona a veces en los loops, de ‘The King of Limbs’. Orgánicamente el álbum completo suena al buen discurrir del agua, sin aristas, sin que uno tenga que levantar la atención del producto para preguntarse que pasó ahí.
 
‘Codex’ y ‘Give Up the Ghost’ bajan el tono. Hasta el subsuelo. Un piano goteante en una y la primera impresión fuerte de que hay una guitarra en el álbum, aunque lánguida, en la otra, que acierta con sonido a violines a vestir el otra vez sentido trabajo vocal de Yorke, se ocupan de eso.
 
El occidente del disco es ‘Separator’, que, como el primer track, abunda en eco y le da documentos al disco. Acá entendemos la identidad de ‘The King of Limbs’. Esa apreciación de que cada cosa ocupa el lugar que le corresponde de la que hablábamos antes, de que aquello que no llama la atención es apreciable también. Incluso la letra del tema nos deja ver algo que sabíamos pero tal vez no colegíamos (Every woman blows her cover / In the eye of the beholder / I'm a fish now, out of water): ‘The King of Limbs’ es agua, es líquido, es orgánico aún entendiendo sus regentes arreglos electrónicos, es sencillo en su complejidad, de la que a veces parece pedir disculpas, es pasto y es cielo. Es humano.
 
Esta banda de muchachos ingleses se despacha en ‘The King of Limbs’ con ocho temas de heterodoxia a veces evidente y a veces (las mejores) sutil e hipodérmica. Ocho temas de entramada sencillez, de innovador acercamiento al bajo y a la percusión, de inefable calidad vocal, de ofrecimiento.
 
El mundo, luego, va a hacer del álbum un juguete, un sorete o un trofeo. Una colección de himnos o el tedio de una propuesta. Ninguna de esas cosas lo contiene. Afortunadamente.
 
8 de 10
 
Review by Fernando Urralburu.
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2 responses

21 02 2011
Illuminara

Para mí, y espero estar en lo cierto, es la mitad de un disco.

Después del booklet de Kid A y el doble “01-10”, no podés evitar el sospechar de un huevito de pascua en los próximos dicos de Radiohead.

“Separator” es el último track, en el cuál te agitan con “If you think this is over then you’re wrong”.

Y la queue de descarga dice “TKOL1”. Si eventualmente nos llega un “TKOL2”, me sentiría realizado como detective medio-pelo buceador de la obviedad 😀

22 02 2011
4peoplebycritics

Casi que se lo confirmamos, hombre.
Muy perspicaz, déjeme decirle.

http://www.nme.com/news/radiohead/55086

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